¿Qué tipo de influencia ejerce en los demás?
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e quedó sentada en la cama, en una habitación sola y fría en la que el silencio apenas lo rompían las bocinas de autos que pasaban raudos en la distancia. Una débil luz se filtraba por la ventana. No podía conciliar el sueño y el reloj despertador, en la mesita de noche, marcaba las 2:13 am.
–Pienso que nada tiene sentido—murmuró–. ¿Para qué tanto esfuerzo? Bah, esta mañana, a primera hora, presento renuncia a mi trabajo. Estoy cansado de todo esto…–
Redactó la carta. Tachó varias veces las líneas a mano alzada. No lograba encontrar los términos apropiados. Estaba convencida que nadie valoraba sus esfuerzos por instruir, lo mejor posible, a los estudiantes de ese lugar lejano en las montañas.
Renunció. Dicho y hecho. El rector del colegio no quería recibirle la dimisión. “Piénselo, profesora…”, le dijo una y otra vez pero ella estaba decidida.
Dos años después cuando regresó al caserío, descubrió para su sorpresa que los proyectos que había impulsado, se habían venido a tierra como un papalote que pierde el control en el aire y se precipita al inmenso llano, queriendo acabar con todo a su paso.
–Debí haberlo pensado una y otra vez…–murmuró de camino al autobús que la regresaría a su pueblo. Sólo después de mucho tiempo comprendió el grado de influencia que había ejercido en las personas…
¿Cuál es su grado de influencia en los demás?
| Nuestras vidas impactan positiva o
negativamente a quienes nos rodean |
Resulta interesante meditar en el hecho de que cada día, a cada instante y en todos los instantes de nuestra cotidianidad, impactamos en los demás, positiva o negativamente. Es la forma como influimos. Lo que marca la diferencia es el tipo de influencia que generamos. El cómo y de qué manera, que son dos aspectos muy importantes.
Cuando miramos detenidamente el cómo, es necesario tener en cuenta que ejercemos influencia cuando nos convertimos en agentes de cambio en los espacios en los que interactuamos con otras personas: la familia, la sociedad y cualquier espacio en el que nos desenvolvamos. Podemos dejar que todo siga igual o formar parte activa de la búsqueda de soluciones, siendo los primeros que nos comprometemos para que se produzcan los cambios.
El segundo elemento es de qué manera influimos en los demás. En ese proceso es importante: primero, que respetemos las opiniones ajenas –así no las compartamos–; segundo, que aprendamos a escuchar antes que intervenir interrumpiendo al interlocutor; tercero, reconociendo que nuestras propuestas de transformación tienen mayor impacto cuando somos los primeros en asumir responsabilidad. Hechos más que palabras.
Un estudio adelantado por el sicólogo Menahem Bellty, pone de relieve que todos los seres humanos somos influenciados y respondemos a estímulos externos, positivos o negativos.
El grado de influencia en nosotros lo define la forma como asumimos tal estímulo. Si nuestra perspectiva es positiva, nos sobrepondremos a las dificultades, pero si por el contrario hay pesimismo o amargura en nuestro corazón, asumiremos como catastrófica cualquier situación que enfrentemos. La influencia, en tales casos, será altamente negativa.
Luz para influir en los demás
| Cada uno de nosotros define
Cómo ejerce influencia en los demás |
El Señor Jesús enseñó a sus discípulos y a nosotros hoy, que debemos ser sal y luz del mundo. “Lo se desde niño”, me dirá probablemente usted. Y coincido con usted: es una de las primeras enseñanzas que recibimos desde la más tierna infancia. Pero quizá no meditamos lo suficiente en lo que significa. Luz y sal no es otra cosa que ser agentes decisivos para la transformación del mundo. Testimoniar que nuestra condición de cristianos determina que somos partícipes en los procesos de cambio y crecimiento, a nivel personal y espiritual nuestro, pero también en los que experimentan los demás.
¿En qué momento disminuye nuestro grado de influencia sobre las personas que nos rodean? Cuando existe una enorme brecha entre lo que predicamos y lo que hacemos.
El asunto lo abordó el Señor Jesucristo de una manera puntual cuando advirtió: “¡Cuidado con los falsos profetas! Vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. De modo que por sus frutos los conocerán.” (Mateo 7:15-20, Dios Habla Hoy)
Lo que planteó es que reflejamos, en lo que pensamos y hacemos, lo que hay dentro. Nadie puede obrar bondadosamente si hay maldad en su existencia, en lo más profundo de su ser. Por esa razón enfatizó que: “El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno.”
Transformando el mundo
Cuando hay equilibrio en nuestro ser, lo reflejamos en nuestra relación con Dios y con los demás. Se materializa la recomendación del apóstol Pablo: “Hasta donde dependa de vosotros, haced lo posible por vivir en paz con todos.”(Romanos 12:10)
Nuestra personalidad será atrayente cuando se den dos elementos claves: estrecha relación entre lo que decimos y lo que hacemos, y la segunda, cuando haya equilibrio de tal manera que factores externos e internos no nos desestabilicen.
Le pongo un ejemplo sencillo: aquél que jamás ha tenido una posición de poder, y justo cuando es promovido de cargo, actúa diferente, muy lejos de la actitud que asumía cuando no tenía una posición de relevancia. ¿Cómo cree que alguien así podrá influenciar positivamente en los demás?
| Pregúntese qué tipo de influencia
ejerce usted en los demás |
Miremos otro escenario: el padre de familia afable que cambia su semblante y hasta el tono de voz cuando la esposa, a la hora de la cena, le confirma que han llegado nuevas facturas de cobro. ¿Qué tipo de influencia considera usted que genera en su cónyuge e hijos?
Influir es transmitir entre quienes nos rodean, pautas de vida que se constituyen en ejemplo.
Ser cristiano encierra una responsabilidad enorme. Implica influenciar. Ser piedra angular en la transformación del mundo. Edificar y no destruir, ¿de qué manera? A través de los principios y valores que asumimos y que se deben reflejar en el trato con las personas.
Pregúntese al concluir: ¿Qué tipo de influencia ejerzo en el mundo que me rodea? Una respuesta sincera, sin duda le llevará a disponerse a aplicar cambios, con la ayuda del Señor Jesucristo…
Si tiene alguna inquietud, no dude en contactarnos y, por favor, recuerde que hoy es el día para tomar la mejor decisión de su vida: recibir a Jesucristo como Señor y Salvador…
© Fernando Alexis Jiménez – (0057)317-4913705
Email pastorfernandoalexis@hotmail.com
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