¡Deje atrás su pasado y comience a vivir de nuevo!
Fernando Alexis Jiménez
Lo que recuerda Ricardo de su niñez, porque se tornó recurrente, eran las cuatro palabras que le marcaron para siempre y que su padre no se cansaba de repetir: “No sirves para nada”. Incluso en la adolescencia despertaba sobresaltado escuchando esa frase que le causaba dolor y tristeza.
–No podía acostumbrarme a que las cosas salieran bien—rememoraba–. Pensaba que en cualquier momento, algo fallaría y todo terminaría en fracaso, como lo decía mi padre. Creía que, en verdad, yo no servía para nada–.
La imprecación de que era un inútil, lo seguía a todas partes como una sombra. Se convirtió en una enorme barrera cada vez que tenía enfrente una oportunidad. Sin proponérselo, revivía los incidentes en que su progenitor lo ofendía y declaraba que jamás llegaría a ser nadie.
Cuando tuvo un encuentro personal con el Señor Jesús, el curso de su historia cambió. Comprendió que con ayuda de Dios podía llegar muy lejos, donde quiera que emprendiera un proyecto. Sus metas podrían materializarse, aun cuando tuviera todo en contra.
–Descubrí las enormes potencialidades que el Señor me proveyó. Desde antes que naciera, en sus propósitos eternos, yo era un ganador—explicó Ricardo al sustentar cómo había llegado a ser presidente de una compañía de sistemas informáticos.
Cada vez que venían a su mente las palabras que otrora le llenaron de frustración; “No sirves para nada”, las asumía como un reto para seguir adelante. No constituyeron desde entonces un obstáculo sino un aliciente para triunfar en todas las etapas de su existencia.
De los traumas a la victoria
Los hechos traumáticos—por el grado de impresión que generan en nuestras emociones y sentimientos—pueden ayudarnos a crecer en todas las áreas de nuestra vida. Es un principio que toma como fundamento en varios pasajes dela Bibliay con la que coinciden varios científicos dela Universidadde Buffalo, en Nueva York. Todo depende del manejo que le demos a los eventos.
“Muchas experiencias que inicialmente resultan dolorosas, pueden convertirse en oportunidades para ser fortalecidos interiormente”, asegura el profesor de sicología del establecimiento universitario, Mark Seery, quien realizó el análisis entre 2.398 hombres y mujeres de distintas edades.
Concluyen los especialistas que los golpes de la vida pueden ser benéficos para la salud mental, ya que permite mejorar la adaptabilidad del ser humano ante los problemas en apariencia insolubles y fortalece la capacidad de resistencia ante las nuevas dificultades.
En su criterio, es esencial que veamos el lado bueno de las adversidades y evaluemos cada situación con mucha calma para no tomar decisiones apresuradas. Este manejo de los hechos traumáticos nos vacuna ante futuros eventos que produzcan dolor emocional.
A su turno la escritora y conferencista colombiana, Ayda Luz Valencia, autora del libro “Caminos para sanar”, asegura que “El equilibrio depende de cuánto nos conozcamos, cuánto nos permitimos aceptarnos y de cuánto aprendemos a desprendernos de apegos y cosas del pasado. También depende de nuestra capacidad para perdonar y vivir el presente y prepararnos para el futuro. El asunto es que nos condicionamos a lo que diga a lo que dicta la sociedad o lo que nos dictó la familia desde que éramos pequeños. No podemos seguir flagelándonos con el pasado.”(Diario colombiano ADN, miércoles 18u de mayo de 2011, página 10)
Si vemos el mundo con un prisma derrotista, atados al ayer, jamás veremos lo hermoso que tiene Dios para nosotros hoy y lo prometedor y alentador que nos ofrece para el mañana.
No podemos vivir en el pasado
Quien vive atado al pasado jamás disfruta el hoy. En la Biblianuestro amoroso Padre celestial nos instruye a dejar atrás todo aquello que nos causa dolor y abrirnos a la vida que Él tiene para nosotros: “Pero olvida todo eso, no es nada comparado con lo que voy a hacer. Pues a punto estoy de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado!¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía.”(Isaías 43:18, 19. Nueva Traducción Viviente)
Desde el momento en que recibimos a Jesús como Señor y Salvador, emprendemos una existencia renovada. Los hechos dolorosos no pueden seguir ocupando un lugar relevante en nuestro ser. Son cosa del ayer y allí deben quedar.
¡No puedo olvidar!
Alguien a quien brindé orientación en la iglesia, insistía en que resultaba imposible olvidar los hechos que le impactaron. “Quiero seguir adelante, disfrutar la vida, pero inmediatamente aparecen las escenas de situaciones que me causaron dolor.”
En nuestras fuerzas no es posible. Si bien es cierto el apóstol Pablo explica “No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro sólo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos ha llamado por medio de Cristo Jesús.”(Filipenses 3:13, 14. Nueva Traducción Viviente), muchos personas reconocen que no es resulta fácil dejar atrás los hechos traumáticos.
Pero, ¿debe ser así? En absoluto. El Señor Jesús enseñó a sus discípulos y a nosotros hoy: “…Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo los haré descansar.”(Mateo 11:28, Nueva Traducción Viviente).
No es en nuestras fuerzas como logramos sobreponernos a los hechos traumáticos sino con ayuda de Dios. Él nos da la fuera para perdonar y trae sanidad a nuestras heridas emocionales. Es necesario descansar en Él.
Un paso aconsejable es llevar esas situaciones que nos causan dolor delante del Señor en oración: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivían en Cristo Jesús.”(Filipenses 4:6, 7. Nueva Traducción Viviente)
Dios es quien puede sanar nuestras heridas emocionales, no lo olvide. ¡Usted puede ser libre de las cadenas de dolor y tristeza que arrastra, por un pasado que le fue adverso! Jesucristo nos hace libres y nos abre las puertas a una nueva vida, llena de plenitud. Ábrale hoy las puertas de su corazón y comprobará que emprenderá una existencia renovada, con una nueva forma de pensar que incidirá directamente en todo cuanto haga (Cf. Romanos 12:2)
Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@hotmail.com o llamarme al (0057) 317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
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¿Tiene sentido ser cristiano hoy?
Fernando Alexis Jiménez
Cuando la suave y fresca brisa que desciende los Farallones baña a Santiago de Cali, al final de la tarde, los pensamientos fluyen con mayor rapidez y tranquilidad, y con los interrogantes a los que –en apariencia—es difícil encontrar respuesta: ¿Por qué soy cristiano? y, ¿para qué me sirve profesar la fe en el Señor Jesús?
Alfonso Palacios tragó saliva mientras filtraba el cúmulo de preguntas que, mezcladas en el corazón como si se tratara de un remolino que jamás se detiene, buscaban encontrarle sentido a la existencia.
En casa, a pocas cuadras de la orilla del río junto al cual meditaba, lo esperaba su esposa y tres hijos de once, ocho y tres años, respectivamente. La casa era humilde, pero amplia. Constaba de dos habitaciones de ladrillo limpio, un salón grande que hacía las veces de cocina y comedor, y un patio inmenso. En esas pocas pertenencias reposaban veintitrés años de intenso trabajo por edificar, no solo una vivienda, sino también un hogar. Sin embargo razonaba, ¿de qué le había servido su convicción religiosa frente a las múltiples necesidades económicas que tocaban cada día a su puerta?
Rememoró a su esposa: menuda, trigueña, con unos ojos grandes, negros y con un destello de alegría que le robó el corazón y con quien compartía ya más de quince años de matrimonio. Algunas veces la atacaba la reuma, sobre todo cuando el frío de la noche era intenso en contraste con el calor del día. Era un amor, sin duda. Lo que le inquietaba era que discutía por todo. En ocasiones se le iba la mano y, sobretodo cuando no recibía provisión a tiempo, le gritaba. ¿En qué había ayudado a su relación el ir cada semana a la iglesia y formar parte de una congregación de creyentes?
Ahora, su relación consigo mismo. Había que admitirlo, era un caos. En ocasiones ni se podía soportar. Le aterraba la idea de mirarse al espejo en las mañanas. Frente a sus ojos veía a un hombre derrotado, con los ojos apagados y una incipiente barba que jamás desaparecía, por mucho que repasara la piel con la afeitadora. “¿Por qué sigo enfrentando los mismos problemas—razonaba—si es apenas previsible que ya hubiese avanzado en mi crecimiento espiritual? Debería ser otra persona…”
Buscó afanosamente en su Biblia, más por inercia que por cualquiera otra razón. Halló el versículo que tenía subrayado con colores azul y verde claro: “¿Qué provecho tiene el hombre de su trabajo con que se afana debajo del sol?”(Eclesiastés 1:3).
Alfonso se dejó caer sobre el césped. Sonrió con desgano y preguntó en voz alta, sin importar que alguno de los transeúntes lo escuchara: “Ser cristiano ¿Por qué? y, ¿para qué?”.
Preguntas… preguntas… y más preguntas…
Tal vez se ha formulado estos y otros interrogantes en múltiples ocasiones. Como cristiano ha experimentado frustración porque piensa que no crece mucho en el plano espiritual y menos como persona. “¿Podré lograrlo?” se repite incesantemente. Incluso ha cuestionado la existencia de Dios. “¿Por qué permite Dios mi sufrimiento?” se ha repetido.
Sus cuestionamientos son los mismos que por años han asaltado a hombres y mujeres en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, la única respuesta cuando nos encontramos en el mar de las indecisiones y la incertidumbre, está en volver la mirada a Jesucristo, confiar en Él y permitirle que sea quien aplique cambios a nuestra vida. Puedo asegurarle que su existencia jamás será la misma… A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como único Señor y Salvador? No dilate la decisión, hágalo hoy mismo.
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